La vida es pura tentación. Nadie escapa a ella sea cual fuere su estado o condición.
Ni los sabios ni los santos. Pedimos gracia para no sucumbir, no para que no nos falten las tentaciones.
La tentación descubre lo que somos.
Y no nos dejes caer en la tentación. Si el Salvador no nos manda pedir cosas imposibles, me
parece digno de averiguar cómo se nos manda pedir no entrar en tentación, siendo así que toda la vida del hombre sobre la tierra es una pura tentación.
Porque mientras estamos en la tierra rodeados por la carne que lucha contra el espíritu, "cuya
sabiduría" (de la carne) es enemiga de Dios, como que no está sumisa a la ley de Dios" (Rom 8,7) estamos en tentación.
Que toda la vida humana en la tierra es tentación nos lo enseñó Job con estas palabras: "¿Por ventura, no es tentación la
vida del hombre sobre la tierra? (Job 7,1)
Estimo que entra en la tentación el que sucumbe a ella y es cogido como en unas redes. Entrando en esas redes por amor a los que
ya son prisioneros de ellas y "mirando como por unas ventanas" (Cant 2,9) responde a aquellos que ya han sido aprisionados y entraron en la tentación.
Debemos por consiguinte pedir, no que no seamos tentados, porque esto es imposible, sino que no seamos apresados y envueltos por la tentación; lo cual
ocurre a los que por ella son retenidos y vencidos.